Lo que probablemente no sabías sobre Margot Robbie

(Y por qué su vínculo con Wuthering Heights tiene mucho más sentido de lo que parece a primera vista)

La imagen pública de Margot Robbie parece casi sin fricción. Es fotografiada constantemente, descrita en superlativos y presentada como una especie de heredera moderna de la estrella clásica de cine: hermosa, rentable y ampliamente atractiva. Esa imagen no es falsa, pero sí incompleta. Cuando se observa su carrera con atención, sobre todo las decisiones que ha tomado después de alcanzar la fama global, aparece un patrón distinto. Uno definido menos por la seguridad o el prestigio y más por una atracción hacia la volatilidad, la contradicción y el control.

Ese patrón es precisamente lo que ha incomodado a muchos al ver su nombre asociado con Wuthering Heights. Obliga a reconsiderar no solo la novela, sino también a Robbie.

Aprendió la velocidad antes que la reverencia

La formación temprana de Robbie no se centró en la “técnica” en un sentido académico. No creció en un sistema que priorizara la fidelidad textual o la teoría de la interpretación. En cambio, aprendió a trabajar rápido. La televisión australiana, en particular las telenovelas como Neighbours, premia la adaptabilidad por encima de la introspección. Ahí se aprende a marcar posiciones, absorber indicaciones con rapidez y mantenerse emocionalmente disponible bajo presión.

Esto importa porque los actores formados en la velocidad suelen desarrollar una relación distinta con el texto. Son menos reverenciales. No tratan los guiones, ni siquiera la literatura canónica, como objetos frágiles. Esa irreverencia puede ser desastrosa en malas manos, pero en las adecuadas permite acercarse a algo como Wuthering Heights sin sentirse intimidado por su reputación.

Evitó el encasillamiento rechazando la coherencia

Después de The Wolf of Wall Street, Hollywood la entendió de inmediato. Podría haberse convertido en un arquetipo fijo: glamorosa, sexualmente segura, ligeramente peligrosa. En lugar de eso, interrumpió esa narrativa una y otra vez. Sus elecciones posteriores resultan deliberadamente incoherentes cuando se colocan una al lado de la otra: dramas de época, experimentos independientes, comedia amplia, transformaciones físicas, caos absoluto.

No hay un “arco de marca” limpio, y eso es intencional. Robbie ha elegido proyectos que arriesgan el desajuste tonal. Algunos funcionaron. Otros no. Pero el rechazo a estabilizar su imagen es el punto central. Catherine Earnshaw no es un personaje que se beneficie de la coherencia. Es errática, autodestructiva y emocionalmente brutal. Una actriz demasiado preocupada por agradar al público tendría dificultades con ella.

Está inusualmente cómoda siendo malinterpretada

Muchas de las actuaciones de Robbie generan desacuerdo. A I, Tonya se le acusó de glamurizar. Harley Quinn abrió debates sobre empoderamiento frente a explotación. Incluso Barbie, un éxito masivo, fue recibida de maneras radicalmente distintas. Robbie no parece especialmente interesada en resolver esas tensiones. Rara vez se apresura a aclarar intenciones.

Esa tolerancia a la mala lectura es clave al enfrentarse a un texto como Wuthering Heights, que ha sido malinterpretado durante casi dos siglos. La novela suele etiquetarse como romántica cuando en realidad es corrosiva y confrontacional. Catherine no es aspiracional. No está pensada como ejemplar. Una actriz incómoda con la reacción negativa tendería a suavizarla. La trayectoria de Robbie sugiere que no lo haría.

Su interés por el poder es estructural, no simbólico

El rol de Robbie como productora no es un adorno de su carrera como actriz. A través de LuckyChap, se ha involucrado de manera constante en la infraestructura del cine: desarrollo, contratación, definición de tono y énfasis narrativo. No se trata de simbolismo tipo “girlboss”. Se trata de influencia real.

Esa conciencia estructural cambia la forma en que una actriz aborda un papel. Cuando no solo entras a un sistema ya cerrado, sino que ayudas a moldearlo, puedes permitirte riesgos más afilados. Una Catherine Earnshaw filtrada por el consenso se vuelve manejable y sentimental. Una Catherine moldeada por alguien que entiende el poder de producción puede permanecer antagonista y sin resolver.

Su actuación se apoya en la contradicción, no en la psicología

Robbie no construye personajes a partir de líneas psicológicas limpias. Se inclina por la contradicción. Tonya Harding es víctima y agresora. Naomi Lapaglia es perceptiva y delirante. Harley Quinn es consciente de sí misma y, al mismo tiempo, profundamente atrapada. Robbie permite que los rasgos opuestos coexistan sin explicación.

Catherine Earnshaw está escrita exactamente en ese registro. Ama a Heathcliff y lo destruye. Comprende la violencia de clase y la reproduce. Articula su propia lógica emocional mientras actúa en su contra. Los actores que sobre-psicologizan a Catherine suelen reducirla a una sola motivación. La fortaleza de Robbie está en dejar que la contradicción permanezca abierta.

Por qué este momento importa, específicamente

En esta etapa de su carrera, Robbie no necesita reinventarse. Necesita resistencia. Wuthering Heights es un texto que se resiste a la claridad moral, a la comodidad del público y a la adaptación ordenada. Es hostil a la idea de arcos de crecimiento o redención. Asociarse con él señala que Robbie está menos interesada en consolidar su imagen que en perturbarla.

Eso es fácil de pasar por alto si solo se siguen cifras de taquilla o alfombras rojas. Pero al observar la trayectoria completa, el hilo conductor es claro. Margot Robbie no persigue prestigio. Persigue fricción.

Si asume el papel de Catherine Earnshaw, la pregunta no es si puede manejarlo técnicamente. La pregunta es si el público está dispuesto a aceptar una Catherine que no sea agradable, que no esté suavizada ni redimida. La carrera de Robbie sugiere que ella insistiría en esa incomodidad. Y esa puede ser, precisamente, la elección más fiel.